

..."La nueva perrera de Montjuïc estará gestionada por la concejalía de Medio Ambiente, con la quinta teniente de alcalde Imma Mayol, al frente. Pero a la espera de su inauguración, el CAAC continua dependiendo de la Agencia de Salud Pública. Este organismo, participado por el Ayuntamiento y la Generalitat, asegura que si los perros no salen de las jaulas "el funcionamiento de la perrera no se ve trastocado". Pero el paseo favorece la socialización y mejora el estado de los animales."
Se puede decir más alto, pero no más claro. Para la ASPB si los perros no salieran nunca de sus jaulas, no pasaría nada. Menos trabajo y menos problemas, y si se pudiera volver a sacrificarlos, mejor que mejor, por aquello de "muerto el perro muerta la rabia". Quieren perros encerrados en jaulas 24 h al día, que no se muevan, que no hagan ruido, que no molesten. Resulta poco probable intentar un entendimiento con quienes viven anclados en una mentalidad de hace 40 años. Pero no es en realidad que los perros salgan de sus jaulas 20 miserables minutos al día lo que más molesta, sino quienes los sacan a pasear.

- Transporte público que permita que los ciudadanos de Barcelona accedan al CAAC. Mucho hablar de "movilidad sostenible" pero la única manera factible de acceder a la perrera municipal es con coche particular o taxi.
- Horarios más razonables, el cierre de 14 a 15 h no tiene demasiado sentido, durante esa hora hay trabajadores en el centro. En verano podrían ampliarse los horarios de paseo.
- Sigue sin haber un coordinador de voluntarios, una persona que organice y distribuya las tareas, que conozca a los voluntarios y a los animales, que asigne y controle los paseos... El sistema actual es "apáñate como puedas". La situación se ve agravada actualmente ya que los animales del CAAC están distribuidos en 4 centros diferentes (CAAC de Collserola, HelpGuau en Argentona, Cal Txiky en Callella y Mas Codinachs en Vic). Son los propios voluntarios quienes tienen que organizarse y ponerse de acuerdo para saber quién va a cada sitio. Si a eso unimos que el número de voluntarios no solo no ha aumentado sino que incluso va disminuyendo y algunas personas valiosas acaban tirando la toalla desanimadas por la mala situación, no hay nadie que realmente pueda dedicar tiempo de calidad a pasear y socializar a los perros que llegan.
- Un etólogo que realmente pueda valorar a cada animal.
- Disponer de un lugar en el que cambiarse de ropa...
En ninguno de esos puntos parece haberse avanzado demasiado: habrá que seguir insistiendo.
Que se hagan obras de mejora está bien, es algo completamente necesario. Pero muchas otras cosas deben cambiar en la perrera de Barcelona para llegar a merecer realmente el nombre de "centro de acogida".
